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cronicas de una desinflamacion

Crónicas de una desinflamación

Camino a casa y me digo: es la última vez…

Voy al cardiólogo, nuevamente, intentando encontrar solución a mis dolencias en un “médico”, entre comillas, porque cada vez salgo con una cantidad de órdenes para ver otros especialistas y con una lista de medicinas que he de tomar para toda la vida.

Riesgo cardiovascular, resultados de colesterol y triglicéridos altos.

“Jamás logrará bajar los niveles de colesterol, ha de medicarse hasta el fin de sus tiempos”, dijo muy seguro con su bata blanca.

Decido no medicarme.

Llamé a una amiga y colega, le conté todo y le pregunté si era posible empezar un plan con el fin de bajar estos niveles altos que, según mi teoría, son por tensión, estrés y emociones congeladas en el tiempo.

Inicio un programa de 28 días para hacer un remezón del mundo de microorganismos que habitan mis intestinos.

Me preparo psicológicamente para comer verde, verde, verde.

Hablé con mi cuerpo, le dije que iniciaríamos una nueva alimentación, alisté los coloridos ingredientes, busqué el libro de recetas y llegó finalmente el día.

Decido hacer una pausa en muchas actividades, compromisos y chats de WhatsApp, y elegir que el proyecto prioritario en mi vida soy yo.

Como hechicera me convertiré en mi propia medicina.

Con orejas grandes escucharé mi cuerpo con su sabiduría.

Como hada verde volveré a la tierra por su alimento limpio y sagrado.

Mi meta: recuperar el balance de mi ecosistema  interno, la ligereza y el disfrute de apreciarme más cada día.

Hace un par de meses empecé a caminar todos los días. Hace dos semanas empecé a caminar un poco más rápido para que mi cuerpo se caliente, mi corazón lata más fuerte y mis cachetes se pongan colorados.

Que comience la aventura….

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