DÍA 2 — JUEVES 7 DE MAYO DE 2026
Salgo a caminar, como todas mis mañanas. Luego llego a casa a preparar mi aromática con jengibre y canela, el extracto verde del desayuno y ceviche de coliflor con cebolla y limón para ponerlo en mi lonchera.
Ya de regreso a casa me siento cansada y aparece algo de molestia, incomodidad, tal vez intolerancia. Sí, intolerancia a que me lleven la contraria, a que no se hagan las cosas tal y como yo digo.
Almuerzo. Está otra vez la sopa. Aburrido. Elijo decir: bueno, es por mi bien, me va a nutrir, me va a limpiar.
El sabor a ajo me gusta, y más cuando Lucía me recordó ayer que es desparasitante. Afuera todos los parásitos mentales, físicos y emocionales. Afuera. Tipo exorcismo.
Después de una siesta corta voy al invernadero a podar mi planta de albahaca y plantar un par de suculentas en las materas vacías.
Ya el reloj marca las 5:30, hora de la cena.
Alisto los ingredientes, corto las fresas, mezclo todo en la licuadora y decoro con algo de linaza y ciruelas. Tomo la cuchara pequeña con mi mano izquierda y empiezo a comer despacio.
Descanso el cubierto y entre tanto disfruto de la vista de la majestuosa serranía del Majuy, montañas verdes decoradas por las tonalidades naranjas del atardecer. Los pájaros revolotean y cantan anunciando la hora de descansar. Los jardines, decorados con lirios amarillos, me acompañan.
Aparece algo de tensión en mi cabeza. Voy a la ducha a recibir las caricias del agua caliente en mi piel. Me dispongo al descanso; sin embargo, el cuello prende luces de alerta. Tensión. Duele el ojo izquierdo.
Me acuesto en mi esterilla de yoga. El peso de mi cuerpo se derrite en el piso, los oídos se destapan, la presión de la cabeza cede. Dejo que el cuerpo se mueva como él desea. Aparece la rigidez en mis ingles. Suelto y aflojo todo el peso y la tensión hacia el piso. Conecto con mi respiración, inhalo y exhalo de manera muy atenta, soltando como si la tierra fuera una gran aspiradora.

