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cronicas de una desinflamacion
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DÍA 1 — MIÉRCOLES 6 DE MAYO DE 2026

Aparece la ansiedad. “Veintiocho días son mucho”, dice una voz en mi mente. Otra le responde: “Paso a paso, metas cortas, vamos solo por siete días”.

Lista para mi caminata mañanera, voy cerquita, a buen ritmo, hasta acelerar el latir de mi corazón. Vuelvo a casa y ahí estaba el lazo. Regresé por unos instantes a mi infancia, brincando como una cabra.

Me tomó unos minutos recordar cómo se hacía. Al principio, torpe y desacompasada. Y luego lo logré. Hice diez saltos seguidos con ambos pies después de practicar y practicar.

Cosquillas de esperanza inundaron mi ser.

Unos minutos más de movimiento en la caminadora, que decidí desempolvar y removerle las telarañas.

Recompensa: un desayuno verde con frutas, vegetales, limón y jengibre.

Atendí un par de reuniones virtuales, trabajé un poco en el computador y ya. El almuerzo es una crema cruda y fría. No es de mi total agrado. Extraño lo caliente. Necesito algo caliente.

Mis jardines me estaban esperando, pero a mi cuerpo se le agotó la batería. Tomé una ducha con agua tibia.

A finales de la tarde me reuní con Lucía para dar inicio al programa. Algo de lo que dijo atrapó mi atención: Te vas a rejuvenecer, desinflamar, recuperar tu vitalidad, sanar dolencias y equilibrar los niveles de colesterol.

Respiré más tranquila.

Para la cena, una deliciosa crema de banano y almendras con coco por encima. Decoré la mesa: un juego de platos, una cuchara pequeña y una colorida servilleta. Comí despacio con la mano opuesta, descansando el cubierto entre cada bocado, degustando cada cucharada.

Me sorprendió la cantidad de veces que oriné durante el día. Según Lucía, era normal.

La ansiedad cedió, le dio paso a la calma.