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cronicas de una desinflamacion
dia-17

DÍA 17 – VIERNES 22 DE MAYO

Me toma por sorpresa. Estoy desnuda sobre la cama. Un lienzo de algodón cubre mi pecho y suavemente se desliza sobre mi cuerpo. Lentamente empieza a besar mi cuello… un pedazo de mi sueño esta mañana.

El sol radiante ilumina mi nuevo día. Emocionada por estar ya en la recta final de esta experiencia. Sé que sigue una etapa de transición para ir incorporando, paso a paso, los alimentos. Brinco de la dicha.

Los músculos de mis muslos se sienten más fuertes. Mucho más sencillo hacer hoy las sentadillas. Me siento más cómoda acurrucada. Puro arraigo.

Cada vez me gusta más mi té dorado: la textura de la leche de coco y su dulce sabor mezclado con la cúrcuma y un toque de miel.

Preparo el café para el segundo enema del programa, decidida a limpiar la mierda que haga falta. Mis creaciones son de color rojo por la remolacha de estos dos últimos días. Aparece la debilidad después de tal descarga; me recojo a descansar.

El batido del desayuno con fresas y naranja se torna de un color morado oscuro por la espirulina y el colágeno.

Paso horas en el jardín podando los árboles de feijoa. Algunos están tristes, con hojas llenas de hongo y con sed. Otros, cargados de frutas. Hago una intervención radical y todos quedan hermosos con la peluqueada.

Pepino cohombro, tomates y germinados de lenteja me nutren durante el almuerzo. Lista para la segunda jornada. Recojo los palos que quedan de la poda y los acumulo en una montaña para la próxima semana ponerlos en la chipeadora.

Limpiando, podando, dando espacio a los nuevos brotes.

Piña para la cena.