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cronicas de una desinflamacion
dia-5

DÍA 5, DOMINGO 10 DE MAYO

Estaba sobre un puente colgante en un edificio de 10 pisos en construcción. Mi madre y yo estábamos sobre él con unos obreros que llegaron en el ascensor. Por la cantidad de personas, el puente empezó a moverse y yo entré en pánico. Me aferré a uno de los lazos de acero, sosteniéndome fuertemente. Mi cuerpo, enroscado en posición fetal, bien aferrado para no caer. Lloré, lloré y lloré.

Este fue mi sueño de esta madrugada.

Domingo, día de pereza. Mi cuerpo amanece contento, con sensaciones en los gemelos por la caminata de ayer. Satisfechos y listos para iniciar un nuevo día de limpieza, de barrido. Las frutas y verduras mezcladas, batidas, hacen una especie de gran escoba que barre mis intestinos. Qué gran liviandad.

Empiezo el día con una bebida caliente —té dorado, cúrcuma y otras especias—. No es que me guste mucho, pero me calienta la barriga. Será confiar en lo desinflamante de este maravilloso tubérculo.

Decido ofrecer desayuno a mi esposo, gran reto. Pasta con atún, tomates frescos, cebolla, aceitunas y un par de huevos fritos encima. Muchos sabores, colores y olores me tientan. Nada fácil. Yo, entre tanto, saboreando cucharadita a cucharadita mi batido de uvas isabelinas, espinaca, pepino y pedacitos de coco rallado.

Se mortifica mi mente con el chasqueado ansioso; me incomodan los ruidos y la música del vecino a alto volumen. Intento estabilizarme observando mi respiración y recordándome, una vez más, que mi supervivencia no está en riesgo. Que estoy a salvo. Limpiando. Renovando. Este proceso es como la gran pared que menciona László Krasznahorkai en uno de sus libros; aún no puedo vislumbrar qué es lo que hay al otro lado.

Primer pedalazo y ya siento las piernas densas y pesadas por la caminata de ayer. Nos acompaña el sol, algo de viento y caminos polvorosos rodeados de extensos retoños de cultivos de maíz, como un mar infinito que se detiene en la montaña. El cielo está azul, brillante.

Regreso a casa sintiéndome algo débil. Prendo la fuente y me echo en el césped a entregar la pesadez de mi existencia a las hadas del verde. Me quito toda la ropa, permitiendo que los rayos del sol devoren mi piel.

¿Qué más se hace un domingo, con las celebraciones del Día de la Madre, sin los atrancones de comida de tradición? ¿Será que es posible celebrar sin comer? ¿Será que es posible nutrirse de besos, abrazos y miradas a los ojos?

La hora del almuerzo me mortifica. No quiero sopa. Aparece una irritación cerca al paladar, por el lado derecho de una muela, que transporta la incomodidad hasta mi mandíbula y mi oído.

No logro concentrarme en mi libro en inglés. Aunque el tema me encanta, pareciera que no quiero hacer nada. Nada es nada. Apago la computadora, cierro el libro, apago celulares y me acuesto a descansar. No duermo; sin embargo, mi cuerpo, con placer y liviandad, agradece.

Tomo agua aromática de caléndula para aliviar la inflamación. Qué bendición. Emocionada de que llegue la hora de la cena: banano. ¡Quiero dulce!

La presencia se va al carajo, ya pensando en la cena. Entonces vuelvo al presente. Aquí y ahora, aquí y ahora. Saco la lengua con la exhalación, soltando tanta basura, juicio y críticas que intoxican más que ciertas comidas. Removiendo malezas para el compost.

Leo un par de horas, tomo notas para la discusión de mi libro el próximo martes y descanso otro poquito más. Solo quiero cama, quietud, silencio.

Llega la hora de la cena. Preparo con mucho agrado mi crema de banano con almendras, zucchini, menta y mi mezcla mágica para depurar: linaza con ciruela pasa.

Limpio mi boca amorosamente con agüita de caléndula. Me encuentro mágicamente una botella de tea tree en el baño, aplico en la parte inflamada y hago gárgaras para bajar la molestia de mis amígdalas.

Temprano me acuesto a descansar. Hago una observación sobre mi día, hablo con mi inflamación, le recuerdo al cuerpo que estamos en proceso de reparación y que estamos a salvo. Le digo a mi mandíbula que ya no hay necesidad de pelear más, que en calma también puedo poner límites y expresar lo que quiero.