DÍA 20 – LUNES 25 DE MAYO
Abro los ojos muy temprano. Escucho pasar el camión de la leche y me digo que aún tengo tiempo para descansar. Afortunadamente logro conciliar el sueño un par de horas más.
Entusiasmada salgo a cumplir mi compromiso de caminar, aunque mi cuerpo todavía está cansado por la jornada de ayer. La ansiedad está al tope. Ya quiero comer. Ya quiero saber cómo será la semana de transición.
Le escribo a Lucía y me recuerda que mañana es nuestra reunión de cierre y celebración. Salgo disparada con esa sensación de tener demasiadas cosas por hacer, como si el tiempo no fuera suficiente, como si el mundo se fuera a acabar. Mis movimientos son rápidos, acelerados.
Me alisto para ir a podar los setos de eugenias que están desbordados y torcidos. Hay algo en mí que no resiste ver esos arbustos sin podar.
Antes de empezar preparo mi desayuno.
Falta orden. Falta alineación.
Y aunque sé que la naturaleza es desigual, espontánea y robusta, yo quiero los setos derechos y podados. Eso le da paz a mi mente.
Con tijeras en mano y guantes puestos trabajo toda la mañana en ese objetivo. Descanso por momentos en la silla reclinable, refrescándome con un extracto de remolacha, espinaca y limón.
A la hora del almuerzo preparo una sopa verde cruda y una ensalada colorida. Quedo satisfecha y lista para la segunda ronda de poda.
Cortar palos viejos, sin vida.
Remover maleza.
Sacar plantas que se enredan y se comen a las otras.
Muy simbólico.
Termino el día editando textos y registrando la información del blog. Mañana voy a tomarme laboratorios de triglicéridos y colesterol.
Siento curiosidad.
Siento expectativa.
Y también orgullo de haber llegado hasta aquí.

