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cronicas de una desinflamacion
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DÍA 14 – MARTES 19 DE MAYO

Llueve en la madrugada. El sonido en el techo me lleva a la infancia y descanso como una bebé. Temprano disfruto mi té dorado y me alisto para caminar.

Cada mañana me siento contenta del proceso. Veo los resultados, me miro al espejo y noto cómo algunas manchas se desvanecen, mi rostro está más delgado, me veo rejuvenecida.

Caminadora, lazo y empiezo con el fortalecimiento de brazos con unos ejercicios que me enseña mi esposo. Lista para jardinear. Tengo varios temas pendientes de oficina; sin embargo, solo quiero jardinear.

Riego todas las plantas de la casa, tarea que me toma unas dos horas. Tiempo de descansar. El sofá, mi cómplice.

Desayuno y ya ni sé, como si el tema de la comida empezara a no ser la figura de mi día. Un batido, a media mañana mi extracto verde, almuerzo, una desabrida sopa, pero según Lucía, la más importante del proceso. De cena, otro batido con frutas y linaza.

Hoy ya pareciera que este tipo de alimentación es lo normal. No tengo muchos antojos, aunque ver a mi esposo comer me alborota los sentidos.

Sé que voy para algún lado, sé que mi cuerpo está contento, respondiendo a este proceso. Mis músculos están algo adoloridos por la práctica del lunes. Es un volver a empezar en muchos aspectos.

Retomar mi práctica de yoga, retomar mis batidos mañaneros, comer despacio y con consciencia durante el almuerzo y algo ligero en las tardes. Así venía por varios años. ¿Qué pasó?

Aquí y ahora, renaciendo, empezando de nuevo. Pareciera que mis emociones dominan, que me enredo en círculos nocivos. Vuelvo a empezar.