DÍA 8, MIÉRCOLES 13 DE MAYO
4:50 de la mañana. Una noche de pleno descanso, sin alarmas, sin paradas al baño.
Una sensación diferente en mis encías, en el paladar, en la lengua, como cuando como piña. Algo de ardor en el estómago. Agradecida. Estiro mis piernas jugando en la cama. Chequeo mi peso: 65 kilates.
Salgo a caminar. A la derecha, los caballos; a la izquierda, las vacas. Más adelantito, los terneros separados de sus madres. El cultivo de papas ha sido reemplazado por arveja. A lo lejos, un hombre sentado en su carreta, jalada por un caballo con cresta blanca. Me pregunto si este hombre también tendrá enredos en su cabeza.
Regreso a casa algo acelerada; subo el ritmo de mi caminata. Descanso en el sofá, cierro los ojos y un mundo de colores e imágenes aparece en este universo interior.
Una sensación irradia desde mi mandíbula hasta la oreja: aflojando, soltando.
Mientras tanto, hierve el agua en la estufa para preparar el café. El café… que viene en una bolsa dorada con el nombre Origen y la frase “De la planta a la taza”.
Yo digo: bueno, de la planta a la casa. Esta vez es para sellar el ciclo de siete días de la primera etapa de desintoxicación, como una escoba vieja levantando polvo dormido.
Muelo el café, echo las tres cucharadas al agua hirviendo y rebosa como un volcán. El agua se riega en la estufa y se alborotan mi molestia y mi rabia: pequeños errores, pequeñas situaciones que despiertan un gran monstruo, furioso, agresivo, gritón, desesperado. Se abren puertas y cajones de restos guardados.
Tomo una respiración profunda y recuerdo la importancia de estar presente en mis ceremonias sagradas. Vamos, cafecito, a evacuar tanta mierda.
Quiero sembrar, quiero podar, quiero enderezar unos árboles, quiero morder, quiero, quiero. El césped me llama: échate a descansar. Hambre de atacar, sed de pelea.
Desayuno jugo de zanahoria y naranja. Medias nueves: extracto de clorofila con kale, pepino y limón. Almuerzo crema de tomate con champiñones. Por fin algo para masticar.
Un día más removiendo basuras pegadas, toxinas. Dando espacio para que salga lo que ya no sirve, lo que inflama.

