DÍA 6, LUNES 11 DE MAYO
Mi paladar derecho y la encía amanecen más relajados. Duermo profundamente; mi noche solo se interrumpe por una parada al baño, modo zombi, y en la madrugada por la alarma de mi vecina. Abro los ojos, ¿serán ya las siete? Hora de caminar.
Mi cuerpo está como una pluma, mi rostro sereno, mis ojos más blancos, mi tez descansada. Camino a buen ritmo, entro en calor, se acelera mi corazón, misión cumplida. Hago algunas sentadillas. Estiro y doy algo de fuerza a los brazos con movimientos divertidos del tronco.
Aparece el cansacio. Mejor descanso en una silla de esas que se echan hacia atrás, mientras disfruto mi té dorado. Mi gata blanca, con un ojo verde y otro azul, me saluda y se acuesta sobre mi regazo. Se llama Snow Falkes, aunque le decimos Minina. Tiene su temperamento, como la dueña; ambas adoradas.
Disfruto mi batido mañanero de sandía, pepino cohombro y pedacitos de dulces dátiles. Me gusta. Con dos vasos quedo satisfecha. Visito mi albahaca en el nuevo invernadero y recorro los jardines con los pies descalzos.
Vuelven las ideas inflamadas: pensamientos oscuros, juicio, crítica. Siento tensión en la cabeza, molestia en la muela, la encía inflamada, y ya es hora de almorzar. No me motiva mucho la crema fría de aguacate, zucchini y apio, con cebollín y cilantro encima.
Pero ver los avances en mi rostro desinflamado y recordar el propósito de reducir los niveles de colesterol me impulsa a continuar. También los halagos de mi esposo y saber que la crema está preparada con productos de mi huerto. Colores frescos, cilantro verde y fragante, cebollines decorados con su bella flor morada.
Tomo una siesta después de almorzar y cesa el dolor de cabeza. Salgo al jardín a regar el nuevo árbol de caucho que decidimos trasladar de una matera del comedor porque su raíz ya es demasiado grande. Se ven preciosos en los jardines amplios.
Leo apartes de mi libro en inglés. La historia transcurre en Japón y se siente algo densa para mi estado mental de estos días; mejor uso traductor. Salgo nuevamente a regar las plantas. El cielo anuncia que la lluvia ya casi llega.
Peras, dulces peras para mi cena, con manzana, nueces del Brasil, menta y coco rallado. Qué suave delicia. Dos de las peras se derriten en mis manos de lo maduras. Satisfecha y saciada. Lavo la licuadora, alistando todo para el batido de mañana.

