DIA 3, VIERNES 8 DE MAYO
Dormí rico, sueño reparador, solo un par de veces al baño. Me levanto contenta, los rayos del sol se asoman por las montañas, los colibríes cantan alegres, disfruto un agua de manzanilla observando el jardín recostada en mi cama. Llega la hora de la caminata, me alisto y brinco de la dicha porque mi chaqueta me cierra.
Los rayos de sol acariciando los frondosos cultivos de maíz me acompañan mientras camino. Estiro brazos, hago torsiones. Al llegar a casa me trepo en la caminadora, seis minutos, me subo la camiseta para que me dé el sol en la barriga, pura vitamina D. Segunda ronda de lazo, muy divertido, esta vez hice quince saltos. Las rosas que me acompañan me cuentan que tienen sed, las atiendo con suficiente agua.
Llega la hora de desayunar, en calma disfruto mi delicioso batido verde. A media mañana me preparo un shot de zanahoria con limón. El primer sorbo me eriza la piel, qué explosión de colores y sabores. Energía de jardinear por toda mi piel. Salgo a podar, remover maleza y deleitarme con las astromelias, los jades, las rosas y las hortensias que están dichosas de verme.
Llega la hora del almuerzo, cero ansiedad, no hambre, algo de sed, mi cuerpo sabe a sal, mejor que cualquier gimnasio. Entro por almuerzo y, aquí está otra vez mi sopa verde, afortunadamente me inventé el caldo de agüita con cilantro del huerto y cebolla, bien caliente, eso me salva el día.
Ya en la tarde atiendo tareas varias de la casa. Fui al pueblo a comprar una jugosa sandía que me hacía falta para el menú y a recoger una planta que compré por internet desde Girardot. Se llama la flor del desierto, con un exótico gordito tronco y una flor de color fucsia.
Mi vitalidad ha estado intacta, al caer la tarde tomo un baño con agua tibia, preparo mi deliciosa cena, una crema de mango con albahaca y nueces, decorada con algunos arándanos secos. Qué delicia, me siento en el comedor a disfrutar y saborear cada bocado, adoro el sabor dulce del mango.
Aparece nuevamente la molestia de que las cosas no salgan como yo planeo. Me sorprende cómo una pequeña incomodidad logra hacerme sentir en peligro. Me repito varias veces: no es tan importante, mi supervivencia no está en riesgo, me siento segura, estoy a salvo.

